Soy Santiago Chiva, licenciado en Derecho, he trabajado en el mundo de la educación, en la dirección y asesoramiento de Asociaciones Culturales de Andalucía Oriental de estudiantes de ESO, Bachillerato, Ciclos Formativos y universitarios en temas de formación profesional, estrategias de aprendizaje y formación en la solidaridad. Llevo cerca de 20 años en el mundo de los Colegios Mayores y en la dirección del Colegio Mayor Albayzín de la Universidad de Granada de 1990 a 1992 y desde 1999 hasta hoy. En estos años he conocido a cientos de universitarios, muchos ya profesionales jóvenes o maduros que me han contado su experiencia y espero ir poniéndolas aquí. Desde julio de 2015, se ha incorporado Alberto Tarifa a la redacción.
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lunes, 9 de mayo de 2016

¿Miedo a hablar en público?

Hablar en público impone. Pocas son las personas que se sienten tranquilas y seguras frente a un grupo de personas ante las que tiene que hablar y exponer un tema. Por suerte, la capacidad para hablar en público no tiene por qué ser innata, puede aprenderse.


No es solo dar una conferencia o realizar una exposición frente a un grupo numeroso de personas; hablar en público es participar en una reunión, hacer una presentación ante un cliente, hablar con proveedores o mantener una conversación one to one, por ejemplo en una entrevista de trabajo. Y todas estas situaciones se dan en el día a día de tu vida profesional y personal.

Es cierto que hay personas que tiene mayor facilidad oratoria y se desenvuelven mejor en estas situaciones, pero todos podemos aprender a manejar la situación y hablar en público de manera clara, dinámica y que enganche a la gente.

Existen cursos y hasta master especializados en ayudar a vencer el "miedo escénico" o a perfeccionar la expresión verbal. Este artículo de educaweb te informa de algunos de ellos, sus objetivos y las competencias que desarrollan.

Un medio fantástico de aprender a hablar en público "hablando en público", es residir en un Colegio Mayor durante la carrera. Las actividades de estos centros universitarios ofrecen multitud de oportunidades de aprender, teórica y prácticamente, a expresarse verbalmente, en un entorno que facilita el aprendizaje.

Si estás en Granada, también puedes ejercitarte con esta gente.

Saber hablar en público contribuye a nuestro desarrollo profesional y puede abrirnos las puertas a puestos de mayor responsabilidad en las empresas, desempeñando cargos en los que haya que realizar reuniones o exposiciones con personal de la empresa, clientes y proveedores, etc. También permite orientar la carrera profesional a trabajos en medios de comunicación, como guía turístico, animador de eventos, relaciones públicas, ventas o la docencia.

martes, 3 de noviembre de 2015

Rescatar el arte de la conversación sin pantallas

Por JUAN MESEGUER para Aceprensa 21.OCT.2015

Se suponía que los smartphones y las tabletas iban a traernos más oportunidades para estar conectados con los demás. Sin embargo, su efecto más visible en las relaciones sociales es que están perjudicando nuestra capacidad para mantener conversaciones valiosas. Así lo explica Sherry Turkle, psicóloga clínica y socióloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su libro Reclaiming Conversation: The Power of Talk in a Digital Age.

Los fabricantes de juguetes han encontrado un filón en la inteligencia artificial. La sorpresa de la temporada es la “Hello Barbie” de Mattel, muñeca provista de un algoritmo con 8.000 respuestas posibles para interactuar con las niñas. Las ofertas de otros fabricantes van desde dinosaurios a ositos de peluche que hablan.

“Vivimos un momento robótico”, declara Turkle a The New York Times. “Y no porque hayamos inventado máquinas capaces de amarnos o de preocuparse por nosotros, sino porque estamos dispuestos a creer que lo hacen”.

Conectados pero solos 
Turkle no tiene nada en contra de la tecnología. Al revés: trabaja con robots y lleva años estudiando las interacciones entre los humanos y las máquinas, explica Megan Garber en The Atlantic. Pero últimamente se ha vuelto mucho más crítica con los efectos de la conexión constante a los dispositivos.

En su anterior libro, Alone Together: Why We Expect More From Technology and Less From Each Other (2011), Turkle llamó la atención sobre el peligro de buscar en la tecnología que llevamos encima un sustituto a la relaciones sociales. “Las conexiones digitales y los robots sociales nos dan la sensación de estar en compañía sin las exigencias de la amistad”.

Sentirse conectado también es una forma de evitar quedarse a solas con uno mismo: no nos gusta estar solos, y enseguida acudimos al móvil para quitarnos la ansiedad. De ahí la necesidad compulsiva de compartir: “Comparto, luego existo” es la nueva regla de oro de las relaciones en la era digital.

En Reclaiming Conversation, Turkle sigue estudiando el poder seductor de la tecnología de bolsillo. Los dispositivos móviles, explica a Lauren Cassani Davis en una entrevista para The Atlantic, nos hacen tres promesas. “Yo las llamo los tres deseos del genio de la lámpara: nunca estarás solo; tu voz siempre será escuchada; y puedes poner tu atención donde quieras”.

Paradójicamente, el resultado de este empeño por estar siempre conectados es que hoy “no nos prestamos atención unos a otros”, sino que la atención se la llevan nuestros dispositivos. Así, muchos se quejan de que sus amigos les ponen “en pausa” durante una conversación, mientras gestionan las demandas de sus smartphones.

El deterioro de la empatía 
Para Turkle, la imagen del amigo “en pausa” sintetiza bien lo que los dispositivos móviles están haciendo con nuestras relaciones sociales: cuantas más veces presionamos el botón de pausa, más oportunidades perdemos de “ponernos en el lugar del otro y de comprender por lo que está pasando”. 

Un ejemplo de esta pérdida de atención que nos impide empatizar con los demás es la manía de escribir mensajes de texto en cualquier momento. “Escribimos en los funerales. Escribimos durante los actos de culto del tipo que sean. Cuando pregunto a alguien por qué lo hace, responde diciendo que solo escribe en momentos aburridos. (…) Hemos perdido de vista que el objetivo de los funerales es precisamente estar junto a otras personas”.

La revolución digital ha establecido “un nuevo código de costumbres sociales que permite dividir la atención” en las relaciones sociales, otorgando a las interrupciones ocasionadas por el móvil un trato de favor. “Yo crecí entre libros. Pero cuando hablaba con mis mejores amigas no tenía permiso para abrir un libro y ponerme a leer en medio de una conversación”.

Ponerse a dieta digital 
La buena noticia es que uno puede optar por “una dieta de medios sociales” más saludable. Es lo que pretenden los campamentos de verano que ofrecen diversión sin móviles ni Internet: “Después de cinco días [de desconexión], los jóvenes son capaces de ver escenas de películas e identificar con éxito lo que sienten los protagonistas”.

Turkle recomienda a los adultos que también se pongan a dieta. “A algunos les vendrá bien un campamento. A otros, una especie de día sabático a la semana. A otros, un tiempo diario”.

Algunos ingredientes que no pueden faltar: crear “espacios sagrados”, libres de móviles, en la vida cotidiana (la mesa del comedor, el cuarto de estudio…); abandonar “el mito de la multitarea”, que resta calor y empatía a las conversaciones; potenciar el contacto visual; y cultivar la capacidad de estar solos.

Nota: Las negritas son del editor del blog.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Sin miedo a equivocarse

El vídeo que hay en la barra lateral de este blog recoger unos minutos de la breve conferencia “Las escuelas matan la creatividad” (ver aquí la versión completa) del pedagogo inglés Ken Robinson. 

Uno de los retos de Bolonia es conseguir una formación más práctica y para ese objetivo es fundamental perder el miedo a equivocarse, o mejor aún, a pesar de tener ese miedo (porque es algo irracional y no siempre evitable) y sin embargo, superarlo. En España es conocida la dificultad generalizada, con excepciones, claro está, que tienen los estudiantes en la Universidad para hablar en público con soltura. Pues bien, ese miedo escénico se supera simplemente practicando, y por tanto haciéndolo mal o regular las primeras veces, pero superando ese miedo a equivocarse. Hace un año, en una actividad con universitarios de Granada en el Instituto Internacional San Telmo José María González-Alorda atacaba este defecto tan frecuente llamado “vergüenza ajena” haciendo un ejercicio contrario al subirse a la mesa del aula y ponerse a cantar una ópera.

 Lo mismo puede decirse de otras actividades donde se aprende haciendo y equivocándose, por ejemplo en la habilidad para organizar actividades. Para esto, un Colegio Mayor es un lugar donde aprender a equivocarse; montar unas Jornadas de Responsabilidad Civil y que venga poca gente es un fracaso que no supone ningún drama y es una fuente de lecciones. Creo que nuestra sociedad forma a gente que está ansiosa de seguridad: una carrera que tenga trabajo seguro, un puesto para toda la vida. Así no cabe el progreso porque no hay riesgo, porque hay miedos.

 El uso de las redes sociales, como cuenta el filósofo Jaime Nubiola, puede ser un problema para ejercitarse en este vencer el miedo.

jueves, 26 de julio de 2012

Tener conversación


Un estudiante de Ingeniería (vamos a llamarle con el nombre supuesto de Ildefonso) estuvo tres años en el Colegio Mayor y el resto de la carrera siguió participando con asiduidad de las actividades. Hace poco, con la carrera recién terminada, ha pasado el proceso de selección en una empresa y el puesto ha sido para él, por delante de los otros diez candidatos. Cuando Ildefonso nos contaba en una tertulia por qué, en su opinión, le habían seleccionado, hizo algunas reflexiones útiles para todos: las entrevistas de selección a veces eran personales y otras de todos los candidatos en dinámica de grupo. La tendencia general, en grupo, era de intervenir poco e Ildefonso, se esforzó en ser activo; en las entrevistas personales que tuvo, contó experiencias vividas en la carrera y en el colegio mayor, actividades realizadas en periodos de vacaciones, historias interesantes escuchadas en tertulias y sobremesas. Él se considera una persona más bien tímida, sin especial facilidad para hablar en público y con unas calificaciones medianas. Pero es activo y con buena capacidad de escuchar. Posiblemente algunos de los demás candidatos tenían más conocimientos técnicos, pero no supieron venderse como profesionales.

Este suceso me ha recordado un consejo que daba el catedrático Ignacio Vicens en un encuentro en el Colegio Mayor Albayzín: un universitario tiene que saber tener conversación. Y esto en la mayor parte de los casos se aprende con la práctica. Saber contar historias requiere haberlas escuchado, haber leído y reflexionado sobre lo leído, tener aficiones, ilusiones...
También es útil tener, decía Vicens, historias interesantes y si es el caso, dirigir la conversación a un punto en el que ese relato cuadre perfectamente. Contaba la historia del rabino Maguid Dubner al que una vez le preguntaron como conseguía encontrar la parábola exacta para sus prédicas y contestó con el siguiente relato: "Un soldado muy joven, encontró con sorpresa tres círculos sobre una pared y justo en el medio, la señal de un tiro. Cuando le preguntó al tirador como lo hacía, este le dijo que primera tiraba el tiro y luego hacía un circulo a su alrededor". De esa misma manera, guardaba en su memoria toda clase de relatos, sabiendo que algún día los iría a utilizar.

El Nobel le Literatura guatemalteco Miguel Ángel Asturias decía que cuando se encontraba con unos recién casados les preguntaba: ¿tienen tema de conversación para muchos años? Porque se suponen que quieren pasar toda su vida juntos, ¿no?

Hay que disfrutar hablando porque antes hemos disfrutado leyendo y escuchando. Esto no se logra dedicando la mayor parte del tiempo a juegos de ordenador o a leer la prensa deportiva, ni siendo un friki que solo disfruta con temas muy especiales. Ahora que estamos en verano es un tiempo adecuado para leer mucho (y elegir bien antes), para compartir experiencias, escuchando y pensando qué cosas aprendidas, oídas o leídas en los últimos meses pueden hacer pasar un rato agradable a amigos y familiares.